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  • Writer's pictureSoraya Lara

Anillo de compromiso y estereotipos

Pregunta de la lectora: He pensado sobre los cambios ocurridos con la aparición del

movimiento feminista y qué tanto nos hemos transformado las mujeres. ¿Por qué

todavía esperamos que sean los novios quienes nos sorprendan con el anillo de

compromiso? ¿Por qué no hacerlo nosotras? ¿Estamos listas?


Respuesta de la terapeuta: Su pregunta evidencia qué tan arraigados están los

estereotipos, las costumbres, las creencias, los mitos y, sobre todo, el predominio de la acción romántica de que el hombre, con la entrega del anillo, “demuestra que es su compañera favorita, que es muestra de su amor y exclusividad”.


El varón no usa anillo de compromiso. No se exhibe comprometido. Socialmente, el

mensaje es para la mujer que debe preservarse para su pareja. Él es quien posee el

derecho exclusivo. Él decido cuándo y cómo hacerlo.


No se puede generalizar, pero en la gran mayoría de los casos, las condiciones

económicas no favorecen que los hombres se comprometan con anillos.

Los cambios socioculturales no ocurren de la noche a la mañana. Las creencias, los

ritos y mitos están profundamente arraigados a los procesos históricos,

antropológicos, evolucionistas y religiosos que moldean o condicionan el

comportamiento de las mujeres y los hombres.


Los anillos de compromiso y bodas son símbolos de alianza en la pareja, que se

responsabiliza de ser leal y acompañarse a pesar de las adversidades que ocurrirán en los distintos ciclos de la vida marital y familiar. En la generalidad de los casos, los

hombres son los que deciden si se casan y cuándo. ¿Qué implicaciones tendría para un hombre que sea la mujer que le sorprenda con un anillo de compromiso y lo haga

públicamente? ¿No aceptar el anillo de compromiso por parte del hombre, ¿tendría la misma connotación si él se niega?


Definitivamente, sería un cambio de paradigma importante que definiría un proceso

en el que ambos se sientan en la libertad y sin el temor a quebrantar la construcción

de género en la que “es el hombre quien pide la mano”.

La mujer y la familia esperan que sea el hombre quien dé el paso. Ella no se percibe

comprometida y elegida por él si no sucede. Expectativas de amor y miedo al rechazo rondan ante el anhelado anillo de compromiso. La situación puede ser para algunas, una tortura emocional.


Creencia: sin anillo no hay intención. No soy la elegida.




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