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  • Writer's pictureSoraya Lara

Pareja y adaptación a la adversidad

Pregunta del lector: ¿Puede una pareja adaptarse a convivir a pesar de los problemas? Mi pareja y yo reconocemos que los tenemos. Ocasionalmente discutimos, pero no creemos que haya que separarse por eso. ¿Es posible continuar juntos en estas circunstancias?


Respuesta de la terapeuta: La especie humana, a través del proceso evolutivo ha

desarrollado ciertos mecanismos que le han permitido sobrevivir y adaptarse a

situaciones adversas para preservarse.


De igual manera, sucede en las relaciones interpersonales, se desarrollan mecanismos o respuestas que contribuyen con la continuación de convivencia social.

Asimismo, la pareja ha aprendido a dar respuestas a las situaciones adversas con la

finalidad de preservarse como unidad marital. Uno de los mecanismos, es adaptarse a cierto nivel de tensión tolerable, que se puede enfrentar con silencios, evasiones,

cambio de tema, distancia física o emocional, es decir, con manifestaciones expresadas dentro de un rango que no la exponga a una separación definitiva.


Los mecanismos regulares responsables de preservar la díada marital se activan una

vez ocurre un evento de alta tensión. Al disminuir gradualmente el malestar la pareja

comienza a buscarse, a tratar de complacer al otro, invitar a salir, regalar algo o

acercarse afectivamente para recuperar el estado anterior a aquel en que ocurrió la

explosión o la discusión.


Una situación que describe con claridad lo que trato de explicar, es cuando

escuchamos a las parejas decir: “Yo sé que eso no lo puedo decir o hacer porque mi

pareja se molestaría y me dejaría hablando sola” o “Hay temas que no converso

delante de mi esposa porque se ofende con facilidad, prefiero hablar sobre ello cuando está ausente”.


Incluso, hay parejas que cuando el grado de tensión es muy elevado pueden

distanciarse temporalmente, dormir aparte o irse por unos días del hogar. El fin no es separarse, sino que responde a un malestar intenso como la ira, que lleva a uno a

expulsar al otro de la habitación o de la casa. Este se va, pero en par de días uno de

ellos llama para saber del otro o solicitar algo de la casa.


No se discute el problema, retomarlo sería reactivarlo, por lo que vuelven a convivir en un periodo de calma aparente hasta que aparece el próximo episodio.


Este es solo un ejemplo que le puede servir de base para explorar situaciones

similares.



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